Cuando Ben volvió en sí, un radiante sol bañaba de luz el entorno verde de aquel claro. Era como si hubiese despertado de un largo sueño. Su cuerpo y sus sentidos estaban aún inoperantes.
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Vaya, que paso?- se preguntaba para sí, mientras abría poco a poco los ojos. Lentamente se levantó quedando sentado en al suelo-
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Aggggg mmm- bostezó.
Qué es esto?- Mientras recuperaba la conciencia, comenzó a extrañarse, pues él no recordaba haber tenido una fiesta al aire libre.
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Qué raro, donde estoy? – se dijo mientras se percataba que estaba sólo en medio de lo que parecía ser un bosque de enormes y frondosos árboles. Esperó unos segundos y luego se puso en pie, todavía un poco somnoliento.
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Ahhh estos desgraciados me han gastado una broma y me han venido a tirar aca..-dijo.
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Me la pagaran! Escucharon!- gritó pensando que sus amigos se encontraban cerca. Miró hacia todos lados y vió que estaba rodeado de vegetación y árboles enormes. Al dirigir su vista al cielo, observó entre las ramas la silueta lejana de tres pájaros (que a él le perecieron muy raros) que surcaban juntos el cielo.
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Bueno, tendré que caminar- pensó, mientras se revisaba los bolsillos en busca de dinero para tomar un taxi.
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Una gran agitación se vivía en el pueblo de Amur. Esa noche, en el pequeño coliseo, comenzarían una vez más los famosos y populares torneos de lucha, una tradición ancestral entre las criaturas que han habitado esta región desde siempre. Los preparativos estaban bien avanzados y los habitantes del pueblo muy ilusionados, pues vendrían muchos contrincantes extrangeros a probar su fuerza y valor.
En la sede del Consejo de Dragones, ubicado en lo alto de una suave colina frente a la villa, una delegación del Gobierno Aliado acababa de arribar desde Amurga. Estaba encabezada por Leron , Krotser y su hija Babalia. Los tres descendieron suavemente en la entrada de la sede, una gran cueva natural horadada en la roca viva y custodiada por dos grandes guardianes pulaks armados con espadas y enormes lanzas. En la entrada, los esperaba ansioso el más anciano y sabio de los dragones del consejo, Narse.
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Bienvenido Leron. Ha pasado largo tiempo. -
Saludos viejo sabio- respondió este último amablemente. Y presentando a sus acompañantes señaló:
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Él es mi consejero Brotser y ella su hija Babalia, quienes han accedido amablemente a acompañarme en este viaje. Los aludidos, haciendo una pequeña reverencia, saludaron cortésmente al anciano, quien finalmente agregó:
-Deben estar cansados, por favor pasen a beber y refrescarse con el agua noble que brota de esta montaña- Los tres dragones guiados por el anciano, se adentraron a una cámara espaciosa, esculpida en el seno de la montaña, en cuyo centro se levantaba una pequeña fuente de agua corriente. El agua brotaba cristalina del interior de la tierra y el ruido que provocaba su constante crepitar sonaba como una pequeña cascada retumbante. El piso de la bóbeda estaba tapizado de rocas finamente cortadas y lisas, mientras que del techo se descolgaban enormes y punteagudas astas de roca solidificada. Babalia, impresionada por la arquitectura del lugar, no dejaba de admirar su belleza. Al llegar a la fuente, los tres visitantes calmaron su sed bebiendo grandes sorbos del refrescante líquido. Caminando de un lado a otro de la cámara, de pronto aparecían pulaks, centauroides, y enanos, quienes al pasar junto a ellos, les saludaban cortesmente inclinando sus cabezas.
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Narse lo que vengo a informarte es urgente. Quisiera hablar cuanto antes del asunto contigo- Inquirió de pronto Leron.
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Imagino de que se trata- respondió el anciano con tranquilidad.
-Sorne y Legum, los otros miembros del consejo no estarán aquí sino hasta mañana. Están presidiendo en el pueblo el inicio de los juegos.
-Ah, pero no es necesario que estén ellos aquí. Basta con que tú te enteres Narse- respondió el delegado.
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Como tú digas, sigueme por favor.-respondió Narse.
Leron mientras se enfilaba tras Narse, le indicó a Brotser que lo siguiera. Este último, dirigiéndose a su hija, señaló:
-Babalia, descansa un poco y luego puedes recorrer este lugar, pero ten precaución hija, recuerda que no todas las criaturas han aceptado el gobierno aliado de los dragones.- -
Tranquilizate padre. Puedo cuidarme muy bien- respondió la hembra con una sonrisa socarrona. E inclinando levemente la cabeza, se despidió de su padre, quien se enfiló raudamente tras Narse y Leron.
La belleza y la fuerza de Babalia, le habían conferido cierta fama en Amurga. De hecho, Babalia era una de las jóvenes dragonas más apetecidas por los machos jóvenes de la ciudad de los cielos, (como suelen llamar a Amurga los habitantes de las tierras bajas). Tenía la altura promedio de las hembras de su edad, unos 3 y medio metros y era lo suficiente mente liviana como para levantar vuelo sin necesidad de una carrera larga como la mayoría de los dragones. La bien cuidada piel de escamas rojizas que cubría su espalda y extremidades contrastaba bellamente con las anaranjadas placas de su pecho y vientre, más pequeñas y flexibles. Una larga cabellera roja-oscura caía desde su cabeza pequeña, adornada a cada lado por un par de aletas anaranjadas y dos poderosos cuernos oscuros. Sus ojos azul zafiro resaltaban como estrellas en medio de la noche, y sus enormes alas le conferían la majestuosidad natural que todo dragón posee.
Si bien se sentía cansada por el largo viaje, Babalia recordó que en pleno vuelo habían visto una fuente de agua cercana. Pensó que sería bueno tomar un baño en ese lugar. Así que sin perder más tiempo, salió nuevamente al exterior y tras una corta carrera, alzó raudamente el vuelo, pasando a centímetros de las cabezas de los guardias pulaks, quienes solo atinaron a ver como la ágil dragona se enfilaba hacia el cielo.
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Ben llevaba más de una hora caminando por el bosque. Estaba preocupado. No reconocía el lugar y sentía que a sus amigos se les había pasado la mano con la broma. De pronto, observa en el suelo boscoso, el rastro de lo que parecía un sendero. Se aprestaba a seguirlo cuando repentinamente sintió a sus espaldas el golpe seco de los cascos de un animal cuadrúpedo.
-Debe ser alguien a caballo pensó- Al voltearse, vio a lo lejos que, efectivamente un caballo se acercaba a todo galope hacia él. Se aprestaba a hacerle señas cuando observó que aquello que se acercaba no era precisamente un caballo con su ginete. Ben, extrañado, se restregó los ojos tratando de observar mejor..
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Que? Es... - dijo para sí, mientras aquella mole galopante se acercaba más y más. Su impresión fue mayúscula cuando se percató que el ginete estaba unido al caballo por su torso, y que el conjunto formaba un sólo ser. Ben quedó totalmente paralizado y con la boca abierta cuando vio como el enorme centauroide pasaba velozmente a su lado con la mayor indiferencia.
El cuerpo de esta criatura semejaba a la de un caballo, pero de dimensiones enormes, como el más grande caballo de tiro. Sus cascos eran anchos y planos, de gruesas y poderosas extremidades. Asimismo el torso humanoide era ancho y muscularmente fuerte, con brazos gruesos y largos. El torso sostenía una cabeza gruesa y enjuta, de rostro tosco y hocico plano, semejante a los de algunas razas de perros domésticos. Su aspecto feroz infundía un terror pasmoso a quien lo viera de cerca. Ben no daba crédito a lo que sus ojos habían visto. Se quedó mirando el suelo por un instante frunciendo el ceño.
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Qué era eso?- se preguntó. Todavía no salía de su asombro cuando sintió nuevamente el retumbar provocado por el golpe de los cascos en la tierra. Era un grupo de seis centauroides que se acercaban desde la misma dirección. Esta vez Ben se arrimó más al sendero para verlos con mayor claridad.
Las criaturas, eran igual de imponentes que la anterior. Pero en esta ocasión Ben pudo notar que en su extremidad humanoide estaban equipados con armaduras hechas de un material semejante al cuero, y algunos de ellos portaban grandes cuchillas parecidas a sables, lo cual le intimidó. Sin embargo los centauroides pasaron uno a uno por su lado sin inmutarse, como si Ben no existiera. Mientras se alejaban, el muchacho nuevamente empezó a cuestionarse la situación
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No puedo creerlo, estoy alucinando?- Pensó.
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Ah... además de dejarme abandonado, estos hijos de puta me drogaron... ah por eso estoy viendo estas... no se que eran... se dijo, mientras se rascaba la cabeza.